LA SEMANA SANTA EN LA VILLA DE LA OROTAVA.

La conmemoración anual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo en la Villa de La Orotava representa la puesta en escena de uno de los principales acontecimientos socioculturales que ha alcanzado una notable relevancia en la localidad desde sus orígenes, erigiéndose junto a las fiestas patronales y en especial junto a la Infraoctava del Corpus Christi, en la época en que La Orotava es visitada por un mayor número de personas. Durante el desarrollo de los eventos que constituyen la Semana Mayor de la Villa, adquiere un valor añadido el componente devocional que subyace en cada acto, individualizado en el recogimiento y reflexión personal de los presentes, acciones que no están reñidas con la contemplación de verdaderas obras de arte, personalizadas a su vez en los pasos procesionales que se apoderan de las calles durante esos días.

 En un pueblo caracterizado por su reconocida y ancestral tradición cultural e importante sustrato espiritual, se dan cita una serie de premisas patrimoniales durante la celebración de la Semana Santa, que la definen no sólo como una de las más importantes de la isla de Tenerife, sino también de las que cada año se conmemoran dentro del panorama regional. Premisas que van desde el magnífico escenario en el que se desarrolla, las calles de uno de los Conjuntos Históricos más singulares y por fortuna, mejor conservados del archipiélago, que se convierten durante más de siete días en la prolongación de una sucesión de significativos templos religiosos que custodian extraordinarias imágenes escultóricas de origen tanto local como foráneo, que son procesionadas sobre artesanales tronos de madera o andas de plata, conservados gracias al esfuerzo y dedicación de ancestrales hermandades, hasta la interpretación musical a cargo de la Agrupación Musical Orotava y el acompañamiento sonoro de la Banda de Cornetas y Tambores de San Juan en la mayor parte de las procesiones, sin olvidar el canto de malagueñas y el Miserere en la noche del Jueves Santo, generando la evidencia de que el patrimonio arquitectónico, el plástico, el etnológico y el antropológico, se funden indisolublemente durante la celebración de la Semana Santa de la Villa de La Orotava.

La conmemoración anual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo en la Villa de La Orotava representa la puesta en escena de uno de los principales acontecimientos socioculturales que ha alcanzado una notable relevancia en la localidad desde sus orígenes, erigiéndose junto a las fiestas patronales y en especial junto a la Infraoctava del Corpus Christi, en la época en que La Orotava es visitada por un mayor número de personas. Durante el desarrollo de los eventos que constituyen la Semana Mayor de la Villa, adquiere un valor añadido el componente devocional que subyace en cada acto, individualizado en el recogimiento y reflexión personal de los presentes, acciones que no están reñidas con la contemplación de verdaderas obras de arte, personalizadas a su vez en los pasos procesionales que se apoderan de las calles durante esos días.

 En un pueblo caracterizado por su reconocida y ancestral tradición cultural e importante sustrato espiritual, se dan cita una serie de premisas patrimoniales durante la celebración de la Semana Santa, que la definen no sólo como una de las más importantes de la isla de Tenerife, sino también de las que cada año se conmemoran dentro del panorama regional. Premisas que van desde el magnífico escenario en el que se desarrolla, las calles de uno de los Conjuntos Históricos más singulares y por fortuna, mejor conservados del archipiélago, que se convierten durante más de siete días en la prolongación de una sucesión de significativos templos religiosos que custodian extraordinarias imágenes escultóricas de origen tanto local como foráneo, que son procesionadas sobre artesanales tronos de madera o andas de plata, conservados gracias al esfuerzo y dedicación de ancestrales hermandades, hasta la interpretación musical a cargo de la Agrupación Musical Orotava y el acompañamiento sonoro de la Banda de Cornetas y Tambores de San Juan en la mayor parte de las procesiones, sin olvidar el canto de malagueñas y el Miserere en la noche del Jueves Santo, generando la evidencia de que el patrimonio arquitectónico, el plástico, el etnológico y el antropológico, se funden indisolublemente durante la celebración de la Semana Santa de la Villa de La Orotava.

Sobre este marco cultural se desarrolla una Semana Santa sobria y elegante, desprovista de costumbres foráneas descontextualizadas que, de un modo paulatino, se han abierto paso en las celebradas en otros pueblos de las islas, y que afortunadamente conserva la esencia de centurias pasadas pese a la lógica evolución social inherente al paso del tiempo. Muy poco ha variado la fisonomía original de la celebración de la Pasión de Cristo en la Villa, con respecto a la época de gestación y consolidación – siglos XVII y XVIII – y a la de su desarrollo último – siglo XIX -. En tal sentido, aún perviven tradicionales condicionantes que la sitúan muy próxima a los parámetros prebarrocos y barrocos, tamizados por la templanza espiritual isleña, tanto desde la perspectiva de la imaginería que protagoniza los pasos procesionales, como desde el punto de vista de la puesta en escena de la Liturgia.

Tampoco ha variado en exceso el alto grado de devoción entre las gentes de un pueblo marcado desde sus orígenes como lugar de población, por una arraigada cultura religiosa, debida, en gran medida, al establecimiento de órdenes y comunidades religiosas que ejercieron un papel fundamental en el desarrollo histórico de la localidad. Tal devoción cobra carta de naturaleza por medio de un acentuado culto a las imágenes que ha prevalecido entre los habitantes de La Orotava desde épocas pretéritas, y que subsiste tal vez como el único vestigio de una cultura barroca que marcó el devenir tanto de la imaginería religiosa como de la piedad del pueblo.

La devoción popular de la Semana Santa villera se decanta fundamentalmente por imágenes cristológicas que conservan en La Orotava, un espléndido catálogo de tallas de gran interés artístico como el Crucificado de la iglesia de la Concepción o el Nazareno de Santo Domingo entre tantos otros, sin olvidar a uno de los principales referentes – tanto desde un punto de vista artístico como devocional - de la Semana de Pasión como es el Cristo atado a la Columna de la Parroquia de San Juan Bautista. Sin embargo, cabe reseñar que junto al fervor que generan las imágenes de Cristo entre aquellos que asisten a las procesiones de la Semana Santa orotavense, sobresale asimismo la devoción y admiración que despierta entre los fieles y visitantes la imagen de su Madre Dolorosa, la Virgen de Dolores que en la Villa asume también otros roles iconográficos como el de la Virgen de Gloria, la Piedad o la Soledad, y que se encuentra presente en la totalidad de los principales templos del Conjunto Histórico de La Orotava.

El origen de la celebración de la Semana Santa en La Orotava se encuentra vinculada de un modo evidente con la presencia de las órdenes religiosas en la localidad, que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la Semana Mayor, teniendo en cuenta que la Villa llegó a contar con seis conventos. Señalar en este sentido que los franciscanos fueron impulsores de pasos como la Oración del Huerto o el Santo Entierro, el rezo del Vía Crucis y el culto a las Dolorosas. Por su parte, los agustinos difundieron la tradición del Viernes de Dolores y los dominicos, el paso de Jesús Nazareno y su popular Encuentro. Cabe destacar asimismo que el impulso inicial de las órdenes religiosas será retomado y consolidado por las hermandades y cofradías dedicadas entre otras funciones, al cuidado y culto de las imágenes y sus procesiones, que se irán constituyendo en las parroquias desde las tempranas fechas de las que se tiene constancia de los primeros desfiles procesionales de La Orotava, situados en el siglo XVII.

El entramado urbano y la ubicación de los templos en el Conjunto Histórico de la Villa de La Orotava, han generado desde sus orígenes, un escenario natural condicionado por su particular orografía, que desde pronto se reveló como una excelente aliada en aras de manifestar los efectos espirituales y artísticos pretendidos por las autoridades eclesiásticas. La inclinación de las calles y su, en ocasiones irregular trazo, proporcionan inmejorables perspectivas para la contemplación de los pasos procesionales y del desfile de las hermandades y demás protagonistas de la escenografía litúrgica.

Ésta y otras cuestiones no menos trascendentales han configurado una Semana Santa especial, caracterizada por tres principales razones que la diferencian de las celebradas en el resto del archipiélago. En primer lugar, la pervivencia de los “cargadores” que portan los tronos o basas de las imágenes, provistos de varales para ello, en contraposición a los carros y costaleros, modas foráneas que desafortunadamente se han impuesto en otras semanas mayores de Canarias. En segundo lugar, la inexistencia de grupos escultóricos, lo que origina que cada paso procesional sea trasladado en su correspondiente trono, a excepción de las tres imágenes indivisibles – La Oración en el Huerto, La Piedad o el Cristo de El Calvario y Jesús Nazareno -. En tercer y último lugar, cabe destacar el carácter unitario de la Semana Santa villera, al menos en su núcleo fundacional. Cada templo celebra sus cultos de manera individual pero sincronizada con el resto de iglesias, sin solaparse unos con otros, con arreglo a una sistemática programación de fechas y horarios predeterminados. Es decir, que en La Orotava los pasos procesionales no se celebran de un modo simultáneo sino que se complementan e integran en un conjunto. No existe una Semana Santa por parroquia sino una Semana de Pasión única.

 

EL COMPONENTE MUSICAL DE LA SEMANA SANTA DE LA VILLA DE LA OROTAVA.

Salvo la lógica excepción que representan determinados oficios, ceremoniales y procesiones de la Semana Mayor de la Villa, la sonoridad musical ha estado presente en su celebración, al menos desde comienzos del siglo XX, complementada desde la década de 1960 por el acompañamiento ejercido por la percusión y viento de la Banda de Cornetas y Tambores de San Juan Bautista.

 

 En la actualidad las marchas procesionales contribuyen a resaltar el carácter sensitivo que singulariza el desfile de los diferentes pasos por las calles del Conjunto Histórico de La Orotava, proporcionándoles una acentuada atmósfera de solemnidad. En tal sentido, la Agrupación Musical Orotava, nutrida por sucesivas generaciones de músicos locales, interpreta magistralmente composiciones tanto de autores nacionales como foráneos, prevaleciendo la influencia de la musicalidad propia de la Semana Santa castellana y andaluza.

 

No obstante, las interpretaciones musicales más populares y características de la Semana Mayor villera tienen lugar la noche del Jueves Santo y al Cristo atado a la Columna como principal inspirador. Se trata de las célebres malagueñas, género flamenco asimilado por el folclore local que ha trascendido a la celebración de la Semana de  Pasión, interpretadas a viva voz desde 1988 y, sobre todo, el “Adiós a la Vida” de la ópera Tosca, compuesta por el italiano Giacomo Puccini en 1900 y que envuelve el extraordinario ambiente que se genera durante la entrada del Cristo y su cortejo en la Plaza del Ayuntamiento.

Actos propios de la Semana Santa de la Villa de La Orotava: 

 

Viernes previo al Domingo de Pasión

A las 21:00 horas, celebración del Vía Crucis desde la Parroquia de Ntra. Sra de la Concepción hasta el Cementerio Municipal procesionando el Cristo de la Buena Muerte, talla en madera policromada efectuada por el escultor local Ezequiel de León entre 1992 y 1993, por encargo de la cofradía de la Vera Cruz y Misericordia, tras la pérdida de la imagen anterior en el incendio que sufrió la capilla del camposanto en 1986.

 

Sábado anterior al Domingo de Pasión

A las 20:00 horas, procesión del Santísimo Cristo de la Salud, a través de las calles más próximas a la iglesia de San Juan Bautista, obra realizada en madera policromada en 1998 por el escultor cordobés Francisco Romero Zafra, por encargo de la familia Machado Melián, que la donó a la citada parroquia.

 

Domingo de Pasión

A las 19:00 horas, y desde la iglesia de San Agustín sale en procesión la imagen del Santísimo Cristo del Perdón, talla en madera policromada del siglo XVII atribuida al escultor Gabriel de la Mata, alrededor de la Plaza de La Constitución. Su culto previo y su paso procesional está al cuidado de la Hermandad y Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y Nuestra Señora de Gracia, fundada en 1991.

 

Viernes de Dolores

A las 21:00 horas, procesión, desde la iglesia de San Agustín y alrededor de la Plaza de La Constitución, de la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores, talla anónima de candelero cuyo origen se sitúa en el siglo XVII. Su culto estuvo al cuidado de una hermandad propia integrada exclusivamente por mujeres que desapareció con el tiempo. En 1989 tal cofradía fue rescatada integrándose no obstante en la Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia.

 

Sábado de Pasión

A las 20:00 horas, desde la iglesia de Santo Domingo de Guzmán y adoptando como itinerario las calles más próximas al citado templo, sale en procesión la imagen de Ntro. Padre Jesús del Despojo, escultura en madera policromada efectuada en 1999 por el escultor local Pablo Cristóbal Torres Luis. Se trata del paso procesional de más reciente incorporación a la Semana Santa villera, contando con cofradía propia desde el año 2004.

 

Domingo de Ramos

Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén

A las 10:30 horas y desde la Capilla de María Auxiliadora del Colegio Salesiano de San Isidro, tiene lugar la Bendición de Palmos y Olivos y la posterior procesión hasta la iglesia de la Concepción, de la imagen representativa de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, popularmente conocida como Señor del Burrito, una talla seriada realizada en 1957 en los talleres de Olot, Gerona. Los niños tienen principal protagonismo en esta procesión, contando incluso en las décadas de 1960 y 1970 con una hermandad infantil al amparo de la comunidad salesiana.

 

El Señor Predicador y la Conversión de Magdalena

A las 12:30 tiene lugar desde la iglesia de Ntra. Sra. de la Concepción, la procesión del Señor Predicador, imagen de vestir efectuada en 1667 y atribuida a Blas García Ravelo, acompañado por la Magdalena Penitente, debida a la gubia del grancanario José Luján Pérez a finales del siglo XVIII. Este paso procesional pertenecía al templo del convento dominico de San Benito – en la actualidad Parroquia de Santo Domingo de Guzmán -, pasando a formar parte de los bienes de la Parroquia Matriz tras la desamortización de Mendizábal de 1835.

 

La Oración en el Huerto de Getsemaní

A las 19:00 horas sale en procesión, desde la iglesia de San Francisco hasta la de la Concepción el paso del Santísimo Cristo del Huerto, escultura castellana del siglo XVII de autoría anónima – los tres apóstoles se atribuyen al canario Sebastián Fernández -, acompañado por la imagen Nuestra Señora de los Dolores, imagen anónima de vestir también efectuada en el siglo XVII. Ambas esculturas sobrevivieron al incendio que asoló el convento franciscano en 1801. Tras la Desamortización, la Virgen de los Dolores fue trasladada a la iglesia de la Concepción, hasta que en pleno siglo XX fue devuelta a la iglesia de San Francisco. Por iniciativa de la Hermandad del Stmo. Cristo del Huerto, constituida en 1984, la Dolorosa fue incorporada al cortejo procesional del Señor del Huerto en la Semana Santa de 1991.

 

Lunes Santo

A las 21:00 horas, desde la iglesia de San Juan Bautista y a través de las calles más próximas, tiene lugar la procesión del Ecce Homo o Señor de la Cañita, imagen anónima del siglo XVII, donada por Pedro Gil del Hoyo al convento agustino de Ntra. Sra. de Gracia, desde donde pasó a San Juan tras el proceso desamortizador de las órdenes religiosas.

 

Martes Santo

A las 21:00 tiene lugar en el entorno de la parroquia matriz de la Concepción la procesión del Señor Preso y las Lágrimas de San Pedro. La primera imagen, de candelero y datada en el siglo XVII es atribuida a Francisco Alonso de la Raya, integrante de la Escuela de Garachico. Por su parte, el San Pedro Penitente, también de vestir, es atribuida a Sebastián Fernández Méndez “el Viejo”.

 

Miércoles Santo

A las 21:00 horas y desde la iglesia de San Agustín sale en procesión el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, talla en madera policromada anónima del siglo XVII atribuida a los miembros de la escuela de Garachico, donada al convento agustino por el regidor Nicolás Ventura Valcárcel y Lugo, acompañada por la Virgen de los Dolores de San Agustín. Cuenta con cofradía propia encargada del cuidado de su culto y procesión desde 1989.

 

Jueves Santo

Procesión de El Mandato

A las 18:00 horas y tras la finalización de la solemne celebración de la Cena del Señor, sale desde la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción la procesión de El Mandato, cuyo cortejo procesional, organizado por la Cofradía de la Vera Cruz y Misericordia, está integrado por las siguientes imágenes: La primera es la Magdalena Penitente, la misma que procesiona el Domingo de Ramos junto al Señor Predicador, fue incorporada a esta procesión en el siglo XX; San Juan Evangelista,  efectuada en 1799 por José Luján Pérez por encargo de la citada cofradía de la Vera Cruz y Misericordia. Protagoniza la procesión el Santísimo Cristo de la Misericordia, un crucificado realizado en 1585 por Rui Díaz de Argumedo, artista de origen luso. Concluye el cortejo la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, talla de candelero realizada en 1798 por el citado Luján Pérez en la que destaca su pectoral cruciforme, perteneciente al obispo D. Luis Folgueras y Sion, I obispo de la Diócesis Nivariense.

 

Santísimo Cristo atado a la Columna

A las 22:00 sale de la iglesia de San Juan Bautista la procesión del Santísimo Cristo atado a la Columna, bajo la organización de la Esclavitud fundada en 1758 así como de la Cofradía de las Damas de Gloria. La talla, donada por Francisco Leonardo de Guerra en 1689, y ejecutada por el imaginero sevillano Pedro Roldán, se revela como una de las más sobresalientes esculturas religiosas de la Semana Santa no sólo local o insular sino dentro del panorama regional. Además del Cristo el cortejo procesional lo configuran, María Magdalena, talla de vestir realizada por José Luján Pérez con posterioridad a 1801, el San Juan Bautista, popularmente conocido como “El Enamorado”, efectuado por el escultor local Fernando Estévez a comienzos del siglo XIX  y la Virgen de Gloria, una notable talla debida al citado Luján Pérez, datada entre 1799 y 1806, que se revela como un excelente ejercicio de técnica de paños encolados. El punto álgido de esta procesión tiene lugar durante su entrada a la Plaza del Ayuntamiento, donde al son del “Adiós a la Vida” integrante de la Ópera Tosca de Giacomo Puccini, e imbuido en la singular atmósfera lumínica de las velas, se genera un ambiente único compartido tanto por los partícipes como por los numerosos espectadores que se dan cita en el recinto durante la noche del Jueves Santo. Tras un sermón pronunciado en el balcón central, la procesión prosigue su paso de regreso a la parroquia de El Farrobo por la calle San Francisco.

 

 

Viernes Santo

Procesión del Encuentro

A las 08:00 horas desde la iglesia de Santa Domingo de Guzmán y tomando cada imagen diferentes recorridos para encontrarse en la Plaza Patricio García, sale la procesión del Encuentro, un cortejo integrado por las siguientes imágenes: la Verónica, la Magdalena y San Juan, imágenes anónimas de candelero efectuadas en el siglo XVIII y la imagen de Nuestra Señora de los Dolores también de autor desconocido. Preside la procesión la talla de Jesús Nazareno acompañado por Simón Cirineo, escultura del    siglo XVIII atribuida a José Rodríguez de La Oliva. Se trata de una manifestación procesional muy popular entre la población, en gran medida gracias a la peculiar carrera de San Juan hasta su encuentro con la Virgen. Tras el canto de la Coral y el tradicional sermón desde el edificio de Correos, las imágenes regresan esta vez en compañía hasta la parroquia de origen.

 

Procesión de El Calvario

A las 12:00 horas y desde la ermita de El Calvario – Parroquia de San Isidro, con destino a la iglesia de la Concepción, y bajo la organización de la Venerable Hermandad fundada en 1864, sale en procesión el grupo escultórico del Santísimo Cristo del Calvario o La Piedad, efectuado por Fernando Estévez en 1814. No obstante, hasta 1861 la imagen no fue integrada en la Semana Santa de La Orotava. El cortejo lo conforman, además de la citada Piedad, las siguientes imágenes: los denominados Santos Varones, Nicodemo y José de Arimatea, esculturas de candelero decimonónicas atribuidas al palmero Aurelio Carmona López; la Magdalena y el San Juan Evangelista, ambos anónimos del siglo XIX.

 

Procesión del Santo Entierro

A las 18:30 horas y desde la parroquia de San Juan Bautista, tiene lugar la procesión del Santo Entierro, en la que participan todas las hermandades del templo bajo la coordinación de la Hermandad del Santo Entierro, constituida en 1994. Hasta la Desamortización de Mendizábal, la procesión salía del convento franciscano de San Lorenzo. El cortejo procesional lo configuran las siguientes imágenes: los Santos Varones, Nicodemo y José de Arimatea, anónimas del siglo XVIII; María Magdalena, ejecutada por José Luján Pérez en torno a 1801; el anteriormente citado San Juan Bautista, “El Enamorado” de Fernando Estévez; y el Señor Muerto, un Cristo crucificado articulado que se transforma en yacente, efectuado en el siglo XVII y atribuido a Francisco de Ocampo. Cierra el cortejo la Virgen de los Dolores realizada por Fernando Estévez en 1816. La procesión recorre las calles de la Villa de Arriba, desciende hasta la iglesia de San Francisco para realizar la tradicional estación en su antigua sede, y tras pasar por la Plaza del Ayuntamiento, asciende por la calle León de regreso a El Farrobo.

Ya en el templo tiene lugar la Ceremonia del Entierro de Cristo, donde la imagen es trasladada desde su urna de plata, hasta el sepulcro de madera habilitado para el ritual. Cabe señalar que cada cinco años, la procesión va precedida de la Ceremonia del Descendimiento, en la que el Cristo Crucificado es descendido de la cruz y es colocado en la urna, tras ser mostrado a su Madre Dolorosa.

 

Procesión del Retiro

A las 22:00 horas y una vez finalizado el Entierro de Cristo, se retira el puñal a la Virgen de los Dolores de Fernando Estévez para a continuación, en silencio y a la luz de las velas, ascienda por la Villa de Arriba hasta llegar a la ermita de la Piedad.

 

Procesión del Silencio

Pasadas las 23:30, en la Parroquia Matriz tiene lugar la Procesión del Silencio cuya protagonista es la Dolorosa de Luján Pérez, que procesiona en la tarde del Jueves Santo junto al Cristo de la Misericordia. La procesión, organizada desde 1953, se desarrolla en completo silencio y en penumbra, tan sólo interrumpida por la luz de las velas que emanan de los participantes del cortejo.

 

 

Sábado Santo

A las 22:00 horas, la Virgen de los Dolores de San Juan Bautista, desciende desde la ermita de la Piedad hasta la parroquia de origen, para comenzar la Vigilia Pascual, previa a la ceremonia de proclamación de la Resurrección de Cristo que tendrá lugar a medianoche. A continuación se procesiona a través de las calles más próximas a la parroquia el Santísimo Sacramento, materializado en la custodia de plata sobredorada y pedrería realizada en 1785 por Antonio Agustín Villavicencio.

Domingo de Resurrección

Santísimo Sacramento

A las 12:30 horas y tras la celebración de la Eucaristía en la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Concepción, tiene lugar la procesión del Santísimo Sacramento a través de diversas calles de la Villa de Abajo. Bajo palio, una lluvia de pétalos, el aroma del incienso y el repique de campanas, se procesiona la notable custodia gótica manuelina de plata sobredorada y pedrería ejecutada hacia 1520 en talleres portugueses, participando en el cortejo todas las hermandades de la parroquia.

 

Procesión del Resucitado

A las 19:30 horas y desde la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, sale en procesión a través de las calles más cercanas a la misma, el Santísimo Cristo Resucitado, ejecutado por el imaginero local Ezequiel de León en 1996, por lo que, al igual que sucede con el Cristo de la Salud y el Señor del Despojo, se trata de uno de los últimos pasos procesionales incorporados a la Semana Santa de La Orotava, a la que precisamente actúa como epílogo.

 

La Semana Santa de La Orotava permite constatar la fidelidad tradicional y religiosa de la sociedad villera y además asistir al mayor despliegue de arte barroco y neoclásico del panorama regional, donde el espectador puede disfrutar de obras concebidas para su uso y consumo, con el fin último de sobrecoger el alma.

 

Durante su celebración se unen profundos valores espirituales y religiosos con múltiples aspectos de diversa índole que configuran una Semana Mayor sobria y atractivamente estética. A pesar de las transformaciones socioculturales, inherentes al paso de los siglos, tan sólo se han efectuado los precisos cambios en su organización, sin alterar la esencia primigenia del ceremonial, perpetuando un legado patrimonial gracias al respeto y dedicación que recibe por parte de sus protagonistas, un pueblo partícipe como cofrade, hermano, devoto o simplemente como vital e indispensable espectador.

 

Pese al paso del tiempo y a los grandes cambios experimentados en la sociedad, la Semana Santa de La Orotava sigue constituyendo hoy un gran acontecimiento, repetido año tras año pero vivamente esperado por la ciudadanía, la propia y la que anualmente visita el municipio.

Santísimo Cristo atado a la Columna